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Un asunto "peliagudo": los pelos, a la papelera

Un asunto "peliagudo": los pelos, a la papelera

Puede parecer un residuo insignificante, pero tirar los pelos por el desagüe puede acabar provocando atascos y llevando pequeños restos de cabello hasta las depuradoras. Te contamos qué ocurre con ellos y por qué la papelera es su mejor destino.

Hablando de pelos: ¿qué ocurre con ellos? ¿Son residuos orgánicos? ¿Dónde debemos tirarlos? ¿Y qué pasa con los pelos que consiguen llegar hasta la depuradora?

El pelo es orgánico, pero no va al contenedor marrón

El cabello es un material de origen orgánico y está compuesto principalmente por queratina, una proteína.

Pero que algo sea orgánico no significa que deba depositarse en el contenedor marrón.

La recogida separada de biorresiduos está diseñada para obtener una materia orgánica de calidad que pueda ser sometida a procesos como el compostaje o la digestión anaerobia. Para ello es fundamental reducir la presencia de materiales y sustancias que puedan dificultar el tratamiento o afectar a la calidad del material obtenido.

Además, el cabello puede llevar restos de tintes, decolorantes, productos de fijación, champús u otros productos cosméticos. Por eso, aunque el pelo en sí sea biodegradable, no debemos considerarlo un residuo adecuado para depositarlo en el contenedor marrón.

¿La opción más sencilla? La papelera y, después, el contenedor de fracción resto, siguiendo siempre las indicaciones de recogida de residuos de cada municipio.

El WC no es una papelera

Una de las mejores prácticas que podemos adoptar es muy sencilla:

El pelo, a la papelera. El WC, solo para lo que debe ir al WC.

Cuando tiramos cabello por el inodoro o dejamos que se vaya por el desagüe de la ducha, entra en la red de saneamiento.

Un solo pelo puede parecer insignificante, pero los cabellos tienen una característica que los convierte en un residuo especialmente incómodo para las tuberías: se entrelazan fácilmente entre sí y con otros materiales.

Así pueden formar acumulaciones junto con fibras, toallitas, grasas y otros residuos, favoreciendo los atascos y dificultando el funcionamiento y mantenimiento de las redes de saneamiento.

¿Y qué pasa con el pelo que sí llega a una depuradora?

Aquí comienza su particular viaje por una EDAR.

Las aguas residuales pasan primero por el pretratamiento, donde rejas, tamices y otros sistemas retienen los residuos sólidos de mayor tamaño.

Los pelos más largos pueden quedar atrapados en esta fase y terminar formando parte de los residuos extraídos de las rejas y tamices.

Pero no todos los cabellos tienen el mismo destino.

Los pelos muy pequeños, como los que proceden del afeitado o de los restos de cabello que se desprenden durante una ducha, pueden ser suficientemente pequeños para atravesar algunos sistemas de desbaste.

En ese caso, continúan su recorrido junto con el agua y pueden llegar al tratamiento biológico.

Y aquí aparece una pregunta interesante: ¿Los microorganismos de la depuradora se comen el pelo?

La respuesta es: pueden degradar parte de él, pero no es tan sencillo como ocurre con otras materias orgánicas.

El cabello está formado fundamentalmente por queratina, una proteína con una estructura muy resistente. Esta resistencia hace que el pelo se degrade con bastante más dificultad que otros materiales orgánicos presentes en las aguas residuales.

En los procesos biológicos de una EDAR existe una enorme comunidad de microorganismos. Algunos pueden utilizar y degradar determinados compuestos presentes en el cabello y existen microorganismos capaces de producir queratinasas, unas enzimas especializadas en romper la estructura de la queratina.

De hecho, estudios realizados con fangos activados de depuradoras han observado que determinados microorganismos colonizan materiales de queratina como el cabello. Esto demuestra que el cabello puede participar en los procesos biológicos de degradación, aunque no significa que desaparezca completamente durante el tiempo habitual de tratamiento.

Por eso, una parte puede degradarse y otra puede permanecer asociada a los sólidos y acabar incorporándose a los fangos generados durante la depuración, que posteriormente reciben su propio tratamiento y gestión.

Entonces, ¿qué es mejor hacer con nuestros pelos?

La conclusión es mucho más sencilla que todo su viaje por la depuradora: No hace falta que el pelo llegue hasta allí.

Recoger los pelos después de peinarnos, afeitarnos o limpiar el desagüe y depositarlos en la papelera evita que entren en las tuberías, reduce el riesgo de atascos y evita introducir residuos innecesarios en el sistema de saneamiento.

Y recuerda:

Pelo → papelera.
Al contenedor gris.
Nunca al WC ni al desagüe.

Cuidar el agua también consiste en evitar que determinados residuos lleguen a ella.

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